EL TÉRMINO PERSONA

EL TÉRMINO PERSONA

EL TÉRMINO «PERSONA» puede ser aplicado perfectamente a animales no humanos, aunque seamos los seres humanos quienes nos hemos apropiado de ese término para distinguir nuestra supuesta superioridad sobre el resto de animales. Ateniéndonos a su etimología original, y que reclamamos quienes evitamos este especismo, son «personas» y son «alguien» porque tienen personalidad propia, individual y única (como cualquier miembro perteneciente a la especie humana), conciencia de si mismes, capacidad de raciocinio (me da igual a qué nivel, sobre todo porque ni entre humanas ni humanos existe por igual) y elección de sus actos, además de que son seres sintientes. La diferencia la hemos creado nosotres manipulando, lo primero, el lenguaje al llamarles animales, cuando nosotres también lo somos. El hecho de que en nuestra evolución hayamos creado nuestras propias reglas no significa que por ello ya no tengan derecho a la vida y a la dignidad, derechos que nosotres no estamos aquí para conceder, sino para respetar. El resto de leyes y normas pueden ser válidas para nuestra especie, pero eso no nos faculta para que las básicas respecto a la vida, también las decidamos. El tener la fuerza y el poder no nos convierte en seres superiores ni mejores, si no la usamos para comprender que podemos ejercerla sin menoscabar el DERECHO A LA VIDA de otres, sea cual sea su condición: sexo, raza, orientación sexual o especie…

Autor desconocido

MANIFIESTO CONCENTRACIÓN NAC EN CUENCA

MANIFIESTO CONCENTRACIÓN NAC EN CUENCA

Los cazadores aseguran amar a los animales, y así lo gritarán en las calles por primera vez el 15 de abril. Pero ¿qué es amar? ¿Amar es considerar a un ser vivo una simple herramienta? ¿Amar es arriesgar la vida de un indefenso animal haciéndole correr hasta la muerte? ¿O es amar atar a los animales a las vías del tren para que tengan la muerte más dolorosa? Amar es la palabra que usan los cazadores, pero se traduce en maltrato y atrocidades. Lacra nacional, vergüenza europea y atrocidad mundial por la que hoy gritamos a una sola voz NO A LA CAZA.

Por desgracia, a día de hoy, el cruel suceso sobre el que queremos sentar las bases de un nuevo comienzo es más habitual de lo que debiera.

La crueldad de los denominados galgueros no alcanza límites, y no los llegan a tener gracias a la exclusión de los animales utilizados en la caza en la gran parte de legislaciones de las comunidades autónomas. Ya hace cinco años conocíamos el caso de los 90 perros de Mogán, que movían de un municipio a otro para burlar las penas que con mucho esmero los animalistas conseguían a través de firmas. Pero las atrocidades no paran, y el hallazgo de esta fosa común alerta tanto a animalistas como al mundo entero.

Gracias a la ayuda de voluntarios, una vez más, se busca la justicia de estas almas que fueron sacrificadas de una manera cruel y salvaje. La legislación no puede obviar estos hechos. Por el momento 25 cadáveres de perros, que van en aumento, fueron arrojados con vida condenados a morir de hambre y sed. EXIGIMOS JUSTICIA PARA TODOS Y CADA UNO DE ESTOS ASESINATOS.

Tarancón no caerá en el olvido. Las palabras se deben convertir en hechos y no pararemos hasta que la igualdad animal sea alcanzada. Los seres más puros del planeta están sufriendo, y necesitan nuestra ayuda. Una vez más, unid@s gritamos por todos los sin voz NO A LA CAZA. Por todos los galgos a punto de morir en entrenamientos diarios de 30 kilómetros atados a un remolque, y que cuando sobreviven ganar una carrera se convierte en un hecho de vida o muerte, por los que en toda su vida sólo han comido un trozo de pan y nunca recibirán una caricia.

25 cadáveres que van en aumento, 25 seres inocentes, 25 almas que vivieron torturadas y murieron de una manera idéntica a la de las antiguas fosas comunes de la época franquista. Unas leyes que dan la espalda a los casos leves y más extremos de maltrato amparando a los asesinos más sanguinarios. Un marco judicial que PROTEGE la matanza masiva de perros autodenominados de caza bajo la excusa de ser una tradición de la población rural.

La esperanza a pesar de las miles de muertes sigue viva. Gracias a los supervivientes, a las pobres almas que nos demuestran que por cruel que pueda llegar a ser el ser humano jamás perderán la confianza en él; a las almas torturadas que abren su corazón a una nueva persona sin contemplaciones y dejando atrás su pasado.

Queremos EXIGIR la ayuda de todos aquellos que nos escuchen y de los políticos. Esta situación debe cambiar, estas muertes no deben caer en el olvido, ESTAS 25 MUERTES DEBEN SER MOTIVO SUFICIENTE DE CAMBIO.

Hoy nuestra voz se une, junto con la de muchos países europeos que siguen de cerca los casos, por estas injustas 25 muertes, pero también por todas las que se están produciendo desde la finalización de la temporada de caza. Por los que son atados a las vías del tren al amparo de una muerte dolorosa, por la odisea que viven 90 podencos de Mogán que llevan 5 años en un limbo judicial sin ayuda y hacinados. Por los ahorcados, por los tirados a pozos, por los abandonados a su suerte y, sobre todo, por los que todavía luchan por vivir. Por todos ellos y por los que todavía están por venir hoy decimos BASTA.

BASTA YA de permitir en nombre de una tradición que se juegue con la vida de seres vivos.

BASTA YA de ahorcar a seres indefensos.

BASTA YA de tirar a un pozo a un galgo cuando se considera que ya no sirve para la caza.

BASTA YA de considerar una especie superior a otra.

BASTA YA de encerrar en una tragedia perpetua a los perros de caza que se repite cada febrero.

BASTA YA

4F. UN DÍA DE PERROS

4F. UN DÍA DE PERROS

La expresión con la que titulamos esta entrada, define en castellano a esas jornadas de climatología especialmente adversa que invitan a quedarse en casa, disfrutando de café, té, película, buena soledad o mejor compañía. El pasado domingo, con independencia del temporal, en las principales poblaciones del Estado y en un buen número de ciudades europeas, hizo, en efecto, un día de perros. También de liebres, de perdices, de zorros, de lobos, de ciervos, de corzos o de jabalíes. Porque para defender su derecho a una vida protegida del infame negocio de la caza, salimos a la calles a gritar basta; a exigir un cambio legislativo que anteponga la sensibilidad de la sociedad contemporánea al lucro sin escrúpulos de una minoría.

Aunque creemos que nos favorecen, en NAC no damos cifras. Siempre entendimos que, cuando alguien posee un mensaje que transmitir, lo importante es que se difunda. Sin más que consultar la prensa –digital o escrita–, escuchar las radios o sentarnos ante alguna pantalla, podemos dar por cumplido el objetivo inmediato, como paso previo a convertir en pasado el tiempo en que se conjugue la actividad cinegética.

Nuestro agradecimiento a quienes colocaron su imagen pública y su talento al servicio de la causa común. A asociaciones, colectivos y protectoras. A partidos. A todas las y los asistentes. A Chesús Yuste que se pegó un palizón de viaje para compartir sus ideas y su experiencia en la materia, desde los perfiles de político, escritor e incansable luchador antiespecista. A Nathalie Seseña que interpretó nuestro manifiesto de este año, como solo podía hacerlo una actriz de su nivel. A Ouke Leele por escribirnos para la ocasión una obra de arte en forma de poema, y por arriesgarse a leerlo en unas circunstancias tan desfavorables para ella. Y, de modo muy especial, a los coordinadores y coordinadoras de las distintas ciudades, y a esa legión de activistas que, desde un anonimato que engrandece, hicieron posible que nuestro NO A LA CAZA de 2018 sonara, entre la tempestad, más claro y más bello que nunca.

Os dejamos un vídeo de David Zokad, resumen de la manifestación de Madrid. Al pie encontraréis los enlaces a los textos citados, ya difundidos a través de estas mismas páginas. Merecen lectura detenida.

A todos y a todas los que de uno u otro modo, incluso desde la crítica, hicisteis posible el #NoalACaza4F

¡¡¡GRACIAS!!!

Poema «LA MUERTE DE LA CAZA» #NoAlaCaza4F

Poema «LA MUERTE DE LA CAZA» #NoAlaCaza4F

LA MUERTE DE LA CAZA

Ouka Leele

En su mirada desbordada de sangre, habría atisbos de humanidad.
En su mirada inyectada de muerte, habrían inoculado bondad.
En su mirada sujetada por el deseo ávido de dinero, habrían pagado con caricias.

Y los mansos galgos, los podencos mansos y sus amorosos ojos.
Sus graciosas patas y su fina figura en el engranaje de la barbaridad inculta
de matar por matar en aras de tantas absurdas disculpas,
de regular lo que, en su sabiduría, la naturaleza hace con tanta perfección y sencillez.

Al mirar a sus hijos, niños, habrían descubierto que derramar sangre ni es justo,
ni es bueno.
Que los niños miran a los animales y sienten amor puro.
Reconocen en ellos a sus compañeros, reconocen en ellos la ternura sin final.

Los galgos como sus niños, hijos, se asustan y tiemblan participando en el horror.
Obligados, extorsionados, torturados.
No amados.

Como nuestros hijos, niños, solo quieren ser amados y amar.
Que para eso nacemos todos en esta tierra.
Nacemos niños, sentimos y sabemos y conocemos lo humano.
¿Quién nos despojó del recuerdo, quién nos zambulló en ese olvido
que nos hace capaces de tener un rifle en las manos y dispararlo contra un cuerpo,
que nos hace ver la muerte, propiciarla, impasibles?
Si el dinero es el dueño de la vida, si está por encima de ella,
¿cómo llamarnos humanos sin avergonzarnos?

Si la ignorancia es la madre de la crueldad,
sacudamos las carnes de esta madre tan ciega y espantosa
tan purulenta y vomitiva. Aneguemos su vagina para que sea ya infértil.
Que todos los hijos de los hombres tengan por madre a la sabiduría
que cercena la amnesia que nos ha apartado de reconocernos.

La sabiduría ha dado a luz a toda la naturaleza.
Que la primavera reverdezca en nosotros y nos haga flor.
Que la belleza nos vista de amor.

Entonces habrá humanidad
entonces habrá bondad
entonces habrá caricia.

La ignorancia, postiza nodriza, será despedida para siempre.
Y no habrá más sangre inocente, derramada inútilmente,
brutalmente.
La ignorancia ha muerto, ¡viva la vida!

POESÍA

Ouka Leele

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ILUSTRACIÓN

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RACISMO Y ESPECISMO: Dos ramas de un mismo árbol.

RACISMO Y ESPECISMO: Dos ramas de un mismo árbol.

Desde el siglo XVI y durante más de 200 años los conquistadores europeos importaron millones de esclavos africanos para que trabajasen en las plantaciones y minas americanas.

El beneficio económico se disparaba si se disponía de mano de obra prácticamente gratis, un poco de comida y un chabolo eran suficientes. Pero esto había que justificarlo a la sociedad, salvo en la tonalidad de la piel, eran iguales a los amos blancos.

En una sociedad aún fuertemente adoctrinada por la Iglesia, se recurrió a la Biblía para que todos aceptaran esa opresión como éticamente correcta, pero también a la ciencia, donde científicos y biólogos al servicio de los terratenientes sacaban artículos sesgados que decían que los negros eran menos inteligentes, más promiscuos y sin moral, es decir, bestias salvajes que en cualquier momento se podían comer a tus hijos.

Todo esto inhabilitaba cualquier principio de culpa o empatía, hasta el punto de normalizar en la sociedad de la época que los blancos, principalmente los ricos, eran los únicos merecedores de poder desarrollar en libertad sus intereses.

Nacieron o se afianzaron decenas de expresiones discriminatorias que todavía existen actualmente, «trabajar como un negro», «noche negra», «vérselas negras», etc. Los padres o en la escuela educaban a sus hijos con historias de «negros malignos» que habían cometido actos crueles, se inventaban relatos de tribus que se comían a sus hijos o rituales demoniacos. Así generación tras generación la discriminación continuaba y el sufrimiento y dolor de los esclavos se acrecentaba.

Es cierto que no todos los esclavos eran tratados igual, algunos amos «bienestaristas» los trataban mejor; apenas los azotaban, les dejaban vivir con sus familias, no violaban a las mujeres y hasta a alguno se le permitía leer. Todo esto mientras el esclavo fuera bueno y no se sublevara y trabajase de sol a sol.

También era común deshacerse de los que ya no servían para el duro trabajo, los accidentes se sucedían, extremidades amputadas, enfermedades crónicas. En el momento que el médico los declaraba inservibles, eran sacrificados, con humanidad decían.

No podemos decir que las personas que componían esta sociedad eran «malas», simplemente se dejaban llevar por la indiferencia hacia el esclavo avalada por la educación que recibían.

La esclavitud humana aún hoy existe, pero al menos la mayor parte de la sociedad la rechaza, al menos en teoría y aunque no haga nada para evitarlo. Desgraciadamente existen otro tipo de opresiones y esclavos, los animales no humanos.

Los usamos a nuestra conveniencia, lucrándonos con su esfuerzo o su vida. Nos educan para aceptar esto como normal, ya sea desde la cultura, la salud, la religión o la ciencia. Ni en la escuela ni la tv nos cuentan la crueldad y la ilógica de la relación de amo y esclavo, sus vidas nos dicen que no valen, que los animales humanos somos mejores, aunque el razonamiento no lo justifique los animales no humanos solo son cosas.

El futuro juzgará nuestros actos de hoy, esos que a priori no nos convierten en malas personas, pero provocan el sufrimiento y el asesinato de miles de millones de animales anualmente.

Lo duro de aceptar para los que hemos ensanchado nuestra visión del mundo, es que salvo para unos pocos que dependen económicamente de los esclavos, como dependían los terratenientes de America, empujar a la sociedad a que cambie es tan sencillo como dejar de participar, de ser cómplice y abstenerse de consumir productos que provengan del esfuerzo y la vida de los animales no humanos.

Sergio Marqués

UN BOSQUE SIN NOMBRE

UN BOSQUE SIN NOMBRE

Un fuerte hedor, seguido de un escalofrío recorriendo todo mi cuerpo, terminó con mi paseo matinal.

Era un día soleado, me había levantado con especial alegría, el verano rebosaba vida y con él, mi pasión por vivir. Múltiples seres compartían mi caminata haciéndola más agradable y placentera. El monte verde embriagaba mis sentidos.

Cerca de mí, olfateaban despreocupados, como si el mañana no existiera, dos entrañables amigos. Yo bípedo, ellos cuadrúpedos, los tres agasajados por un sol que apenas entendemos.

Al poco de cruzar el río, mis compañeros, guiados por ese sexto sentido que tanto deseamos poseer los humanos, y jamás tendremos, temblaban petrificados, con el rabo entre las piernas, me miraban, quizás buscando una explicación que no podía darles, o simplemente para sentirme cerca.

A mi alrededor, las hojas ya no eran tan verdes, el canto de los pájaros sonaba a un triste adagio, a despedida y fin.

Mi dolor se materializó en una cronestesia atemporal convertida en un Upsala eterno.

<< Decenas de cadáveres, algunos apenas sin oportunidad de llegar a ser mujeres ni hombres, colgaban de centenarios y majestuosos árboles, algunos sin ojos, otros sin extremidades, todos me observaban y chillaban.Sentía frío, el sol me había abandonado, haciendo más gélidas las gotas de sangre que recorrían mi cuerpo desnudo. Mientras anudaban la áspera cuerda a mi cuello descubrí que mis mejores amigos estaban siendo atravesados desde el ano hasta la boca, por un afilado hierro, giraban y giraban. Risas y olor a quemado fueron las últimas sensaciones que sentí antes de caer en el letargo del que ya no desea entender, solo morir>>

El hedor me devolvió al presente, un compañero colgado por una soga ensangrentada, me miraba y parecía chillarme.

Aún aturdido, incrédulo. Me acerqué despacio a su cuerpo inerte, cerré sus ojos y su boca cubierta por una capa pardusca de sangre y babas secas.

El sonido de mis uñas rasgando la cuerda que aprisionaba su cuello, ahogaba el viento, que un intento de ayudarme, calmaba el dolor de mis dedos, de mi corazón.

Cinco minutos de nuevo, cinco minutos para acabar lo que otro humano sin empatía ni conciencia comenzó. Viviendo cada instante de su dolor, el miedo al ser elevado, los primeros gemidos de desesperación, como el calor se sube a la cabeza, los oídos dejan de funcionar y parece que van a explotar, las patas se vuelven piedras que cortan los músculos. Todo esto hasta perder el conocimiento ante la falta de oxígeno en los pulmones, terrible agonía el «bailar sobre la cuerda» en un intento desesperado por salir del propio cuerpo, hasta terminar asfixiado.

Al finalizar de cavar, me derrumbé, caí de espaldas sobre el montón de tierra que iba a ser la última morada de mi compañero. La soga rasgada aún se movía, recordándome que en algún otro lugar, no muy lejos de allí, a otro compañero, se le estaría anudando otra cuerda al cuello.

De nuevo llantos, ya no distinguía si provenían de mi cuerpo, de mi mente, o del cadáver que yacía a mi lado. Mis inseparables amigos, que habían vivido todo el proceso con la tristeza y curiosidad que se siente ante la muerte de un igual, arrastraban un saco marrón y sucio. Al abrirlo, varios ojos observándome asustados.

– No tengáis miedo, ya tenéis una familia- les susurré mientras sus pequeñas y gráciles lenguas me daban la bienvenida a su nueva vida.

Relato: Sergio M.

Dibujo: Chema Lera