2021 ha sido un año durísimo para todos. Pero, aun así, este año no podíamos olvidarnos de nuestra lucha, de los millones de animales que sufren y mueren en España cada año. Y este año no ha sido diferente para ellos.
Por eso volvimos a salir este 7 de febrero a pedir el fin de la caza.
Gracias a todas las coordinadoras, protectoras, asociaciones, medios, etc, que aún en esta situación, habéis acudido a una cita con la esperanza, con la vida. Gracias por haber sido respetuosos con las compañeras, por haber mostrado vuestra fuerza en la calle, por haber gritado en las redes. El año que viene volveremos a salir y os queremos a todas, que no falte nadie.
Porque sois la única esperanza de millones de vidas.
No A la Caza Si A la Vida.
Imágenes de Adrián Melguizo – Montaje de Ariel Heredia – Voz en off de David Rubio
La historia ha querido que vivamos tiempos complejos, en los que nos hemos visto obligados a modificar buena parte de nuestros hábitos cotidianos. Cuando, hace un año, nos manifestábamos por esta misma causa, quién intuía que tendríamos que prescindir de lo cercano, del abrazo a los seres queridos o de la simple presencia de muchos de ellos, cuyos cuerpos se despidieron para siempre en la UCI de algún centro hospitalario.
Tras una reflexión interna sobre la conveniencia o no de repetir en este difícil 2021 nuestra convocatoria frente al lobby cinegético, este nos empujó. Porque cuando casi todos y casi todas sufrimos carencias, los cazadores prosiguen ajenos a ellas. Se limitan los viajes, el contacto social, el deporte no profesional o las visitas a los íntimos. Se cierran establecimientos hosteleros, locales de ocio y hasta los parques; pero la caza sigue, inmune a las restricciones, tras el escudo protector de unos privilegios incalificables. Bajo el pretexto vacío del control de las especies, nadie aún la ha acreditado con datos fieles, continúan matando con la complicidad de unos poderes públicos que parecen escribir las normas a conveniencia del negocio de los propietarios de los cotos y de quienes no encuentran mejor forma de divertirse que torturando hasta su fin a otros seres vivos. Andalucía y Castilla-La Mancha, por poner ejemplos de autoridades de distinto sentido político, han promulgado recientemente disposiciones que habilitan la caza como actividad esencial. ¿Desde cuándo la muerte es imprescindible para la vida? ¿Desde cuándo la tortura de los perros, cosificados como meras herramientas, los ciervos o las perdices son elementos de primera necesidad? ¿Desde cuándo el enriquecimiento de los empresarios de un sector o el placer de una minoría es más importante que visitar a tus padres (si habitan, por ejemplo, en otro municipio), que las actividades extraescolares de los críos o que la presentación de una obra de arte?
Llegó febrero y con él, de nuevo, el pánico de los galgos, que volverán a ser abandonados, disparados o ahorcados, según el grado de fidelidad del criminal de turno a las tradiciones más bárbaras. Regresará el recuento de las llamadas presas: cientos, miles o millones según la especie. De nuevo, escucharemos las falsedades de siempre. Que si se trata de un deporte, que si lo hacen por preservar el equilibrio de la naturaleza o que el daño a los perros es causado por los animalistas para crearles a ellos mala prensa. Afirmaciones sin pruebas e insostenibles desde la razón sobre las que se mantiene una actividad en contradicción perpetua con la sensibilidad de la sociedad contemporánea y con los más elementales principios de la lógica. Nadie en sus cabales tortura a quien ama, nadie asesina para preservar, nadie tiene el derecho a restablecer a tiro limpio una concordia natural que ellos mismos destruyen por su interés propio. Los cazadores no son la solución a nada, sino una de las principales causas de la lenta agonía de la poca vida salvaje que aún subsiste.
Con pleno respeto a las normas sanitarias vigentes, pero con la firmeza de quien se sabe defensor de lo justo, un año más salimos a las calles para exigir el fin de la actividad cinegética. Para denunciar que sus argumentos solo son la propaganda de un negocio sanguinario. Para solicitar a las autoridades normas eficaces y no la habitual complicidad con los matarifes.
Febrero; los perros tiemblan ante el cruel destino que les reservaron aquellos a quienes un día consideraron sus aliados. Y de su temblor, nacen nuestros gritos: NO A LA CAZA CON GALGOS, NO A LOS PRIVILEGIOS DEL SECTOR CINEGÉTICO, NO A LA CAZA.
El próximo 7 de febrero salimos a la calle para reclamar un rotundo NO A LA CAZA.
En 2019 las protectoras españolas recogieron mas de 183.000 perros, de los cuales en muchas el porcentaje de perros de caza es superior al 70% ¿128.000 perros de caza son «descartados» cada año? Nosotros creemos que muchos más.
La Comunidad de Castilla la Mancha, entre otras ha cedido a la presión del sector cinegético para que consideren la caza como actividad esencial. Permitiendo con ello que miles de personas de las grandes urbes, como Madrid, puedan salir de la Comunidad con una simple autorización del dueño del coto.
Nosotros creemos que declarar la caza como actividad esencial por la posible sobrepoblación (sin estudios que lo avalen) tan solo esconde la intención de seguir matando animales de forma comercial, seguir haciendo monterías y dar salida a los animales de granja a los cuales los cazadores disparan.
El defensor del pueblo ya elaboró en el primer confinamiento un informe acusando como se disfrazan las monterías como si fueran controles poblacionales de jabalíes.
El permitir que los cazadores de las grandes urbes salgan a las poblaciones rurales supone un peligro sanitario ya que la mayor incidencia del Covid está en estas grandes urbes.
La dispersión de la pandemia debido a monterías es algo que ya está pasando. En noviembre hubo 2 brotes debido a ello, uno en Cantabria (Villacarriedo) donde se contabilizaron 23 positivos por la reunión de cazadores en un bar de la localidad y otro en Lugo donde la localidad de Sarria entro en alerta roja por la reunión de cazadores tras la montería en 2 bares.
Tuvimos la oportunidad de debatir sobre este tema en el programa Todo Es Mentira. Donde quedan en entredicho todas las escusas que apuntan los cazadores.
Se van a otorgar permisos de circulación a gente no cazadora, se van a matar animales de granja y no a controlar una supuesta sobrepoblación, ni por supuesto se va a hacer un control de plagas.
Esta es #LaVerdadDeLaCaza Este es #ElNegocioDeLaCaza
Lo llaman deporte, pero en el deporte la muerte es accidente y nunca el fin último del juego. Afirman defender la naturaleza, pero la castigan con vallas, sueltan especies en lugares donde nunca habitaron, las alimentan de modo artificial para que frecuenten los parajes donde después las disparan, eliminan a sus depredadores, y contaminan el medio con el plomo de sus instrumentos de caza. Se postulan como adalides del medio rural, pero llegan, en su mayoría, desde las urbes, conduciendo sus todoterreno, y condenan a sus gentes a la dependencia de actividades económicas de temporada, en las que la relación entre el señorito y el criado cobra un sentido propio de otros siglos.
Dicen amar a sus perros, pero los abandonan o los eliminan en cuanto no sirven, además de exponerlos a los riesgos de la práctica cinegética. Se consideran perseguidos, pero son ellos quienes portan las armas.
Defienden que el cazador existe desde que existe el ser humano; pero lo mismo sucede con el canibalismo o la xenofobia, y no por ello han de ser tolerados por la sociedad contemporánea.
La verdad de la caza es un negocio en el que todo se compra y se vende con billetes de quinientos euros. Son las aves que sueltan para ser disparadas de inmediato en el tiro de pichón. Son las realas, con decenas de animales atados a un remolque, circulando a la velocidad que determina su conductor, o hacinadas en jaulas en las que moverse resulta imposible. Es un tipo torturando a un zorro agonizante, porque le considera su competencia. Son los galgos ahorcados por cientos cada año o arrojados sin pudor en algún despeñadero; ni siquiera les merece la pena gastar munición con ellos. Es un hombre ahogando en una acequia a un joven jabalí herido. Son los perros caídos a un barranco, en una lucha a vida o muerte con un ciervo…
La verdad de la caza es lo que se ve: tortura, muerte, sangre, destrucción, negocio, mentes enfermas o manipuladas por una formación errónea, maltrato, machismo, ausencia de empatía hacia los que nos acompañan en el planeta… No el universo idílico, repleto de falsedades interesadas, que refieren quienes la practican.
NO A LA CAZA.
Vídeo con restricción de edad (basada en las Normas de la Comunidad)
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