Cada 1 de febrero marca el final de una temporada para unos y el comienzo del infierno para otros. Para miles de perros de caza, hoy no hay celebración: hay descarte, abandono y muerte.
El manifiesto “El Final de su Condena”, leído durante la Manifestación Contra la Caza, denuncia un sistema que clasifica vidas, normaliza la violencia y protege tradiciones basadas en el sufrimiento animal.
Este texto no habla solo de perros. Habla del lobo perseguido, del jabalí masacrado, del ciervo abatido y de miles de vidas silenciadas cada año bajo el amparo de una violencia disfrazada de tradición.
No pedimos parches ni excepciones. Exigimos una ley sin exclusiones, una ética sin dobles raseros y un futuro donde el campo deje de ser un escenario de muerte.
Durante meses, han corrido bajo el yugo del miedo. Han sido herramientas, no seres vivos; instrumentos de una tradición que mide la vida en piezas cobradas y la utilidad en velocidad de carrera.
Hoy no es un día cualquiera en el calendario. Hoy, 1 de febrero, mientras el invierno bosteza, una sentencia de muerte o de olvido cae sobre miles de seres vivos. Para el cazador, hoy termina una temporada; para los perros, hoy comienza el juicio final. Se les mide, se les pesa, se les examina y se les descarta. Si no fueron lo suficientemente rápidos, si su instinto flaqueó, o si simplemente el coste de mantenerlos supera su rendimiento, el veredicto es el descarte.
Hemos permitido, como sociedad, la creación de una frontera invisible y cruel. A un lado, el perro de hogar, protegido por leyes y caricias. Al otro lado, el perro “de caza”, el perro “herramienta”, el perro que la ley mira de reojo para no ver su sufrimiento.
¿Desde cuándo un latido tiene categorías? ¿Desde cuándo el dolor de un animal depende del código postal de su dueño o de la licencia que éste lleve en su bolsillo?
Miradlos a los ojos. No veréis solo la elegancia que los poetas alaban; veréis una memoria genética de siglos de persecución. Veréis la anatomía del miedo grabada en sus cuerpos fibrosos. Son los hijos del viento, sí, pero de un viento que siempre les sopla de cara. Han sido convertidos en máquinas de correr hasta que sus patas se quiebran, y cuando el motor falla, la “tradición” dicta que la máquina debe ser desechada.
No nos conformamos con parches ni aceptamos leyes cobardes que se detienen ante los intereses de unos pocos. No toleramos leyes a medias que dejen atrás a quienes más protección necesitan.
Exigimos una ley sin exclusiones; una ley que reconozca, de una vez por todas, que el latido de un perro de caza es igual al de cualquier otro. Porque el miedo sabe igual, el dolor hiere igual y la libertad les pertenece por igual.
Estamos aquí para decir que la tradición no es un cheque en blanco para la barbarie. No hay cultura en la soga, no hay deporte en el abandono, no hay honor en el pozo. La verdadera civilización de un pueblo se mide en cómo trata a los más vulnerables, y hoy, los perros de caza, son el símbolo de nuestra mayor vergüenza como país.
Hoy nuestra voz llega más lejos. Se alza hacia las cumbres donde el Lobo Ibérico, guardián de nuestra memoria salvaje, sigue siendo perseguido y sentenciado por el odio y el mito. No hay equilibrio en el exterminio del depredador; hay arrogancia.
Nuestra voz también baja a los valles, donde el jabalí ha sido convertido en el nuevo enemigo público. Masacrados bajo el pretexto del control poblacional o sanitario, son víctimas de una gestión basada en la sangre y no en la ciencia, perseguidos con saña en una guerra que ellos no empezaron.
Nuestra voz no olvida al ciervo abatido en la espesura, a la perdiz que cae del cielo y el tordo que nunca completó su vuelo. Miles de vidas que cada año yacen víctimas de una barbarie disfrazada de tradición.
Si la historia ha de juzgarnos, que sea por la valentía de escuchar lo que otros callan. Un año más, nos convertimos en el eco de esas voces invisibles; porque no somos solo una Manifestación, somos la vida reclamando su dignidad frente a un legado de violencia.
Devolvedles el monte, devolvedles el viento, devolvedles la vida. Que el silencio del campo sea por fin su paz, y no su tumba.
No descansaremos hasta que el 1 de febrero sea solo el recordatorio de una oscuridad que logramos vencer y compañeras, compañeros, no os quepa duda: la venceremos.
En la Manifestación Contra la Caza, la palabra también es resistencia. Este año, la lectura poética llega de la mano de Paula González Carracedo, activista, comunicadora y poeta, que nos regala un texto profundamente simbólico y dolorosamente actual: Romance del bosque.
Dedicado a su perra Isis —“que llegó a mi vida en febrero, como la flor del almendro”—, este poema recorre el monte a través de las miradas de quienes lo habitan: aves, lobos, corzos, zorros, liebres… Un bosque que cuenta, que recuerda y que acusa. Un bosque atravesado por el miedo, la violencia y la espera, pero también por la memoria y la dignidad de los animales que lo habitan.
La poesía de Paula no es ornamento: es denuncia. Cada verso pone nombre a una realidad silenciada y nos recuerda que el sufrimiento animal no es abstracto, sino cotidiano, visible y evitable.
Sobre la autora
Paula González Carracedo (@paulitavegan) es activista y comunicadora vegana, fundadora de The Vegan Agency y creadora del podcast Ingobernables. Especialista en estrategias de comunicación para proyectos veganos, cuenta con una larga trayectoria en activismo y campañas por los derechos de los animales.
Ha colaborado durante cinco años en un santuario de animales, experiencia que marcó profundamente su forma de comunicar y escribir. Es articulista habitual en diversos medios, como El caballo de Nietzsche (eldiario.es), y compagina su labor comunicativa con la escritura poética.
Hoy, es ella quien pone voz poética a esta cita Contra la Caza.
Este año, la Manifestación Contra la Caza tiene un significado especial. El 1 de febrero coincide con el Día Internacional del Galgo, una fecha que trasciende fronteras y convierte nuestra denuncia en un grito global.
Los galgos, conocidos como los hijos del viento, simbolizan como pocos la crueldad de la caza: explotados por su velocidad, descartados cuando dejan de ser “útiles”, abandonados al frío, al hambre o a la muerte. Su sufrimiento no entiende de países, pero este año nuestra respuesta tampoco.
Desde Europa hasta Estados Unidos, miles de voces se unen para decir lo mismo: la crueldad no es tradición, el maltrato no es cultura y la vida de un animal no es desechable.
Este texto, leído durante la manifestación, es un homenaje a quienes ya no están, un abrazo a quienes siguen esperando y una promesa firme de que no daremos ni un paso atrás hasta poner fin a la caza.
En Madrid, la lectura del texto correrá a cargo de Estela de Castro, fotógrafa y artista visual comprometida con la defensa de los derechos humanos y de los derechos de los animales. A lo largo de más de dos décadas de trayectoria ha utilizado la fotografía como herramienta de denuncia y transformación social, desarrollando proyectos como Zoocosis o The Animals, obra reconocida con el Primer Premio al Mejor Libro de Arte del Año del Ministerio de Cultura.
Si pudiéramos preguntarles a ellos, a los galgos, a esos “hijos del viento” que hoy nos acompañan con sus miradas dulces y asustadizas… ¿qué nos dirían?
Nos hablarían del frío del zulo, del miedo que cala los huesos y de esa incomprensible traición de quien debería haber sido su refugio.
Nos hablarían de cómo sus cuerpos, de gran belleza, diseñados parala velocidad, han sido tratados como meros objetos de usar y tirar. Como herramientas que, al desgastarse, se descartan en el olvido de un barranco o en el abandono de una carretera.
Pero hoy, el mundo les responde. Este año, nuestra voz cruza fronteras. Desde cada rincón de Europa y EEUU, estamos diciendo que la crueldad no tiene cultura, que el maltrato no es tradición y que el dolor de un animal no entiende de banderas.
Estamos aquí para decirles a esos miles de perros que hoy siguen esperando un milagro: “No os hemos olvidado”.
Somos vuestra voz frente a los que callan, vuestra fuerza frente a los que os oprimen y vuestro corazón frente a los que no tienen alma.
Mirad a los galgos que hoy caminan a vuestro lado. Ved cómo, a pesar de todo el daño recibido, son capaces de volver a confiar y amar.
Esa es nuestra mayor lección.
Por ellos, por los que se quedaron en el camino, y por un futuro donde el fin de la caza sea una realidad y no un sueño, no daremos ni un paso atrás.
Porque el amor es internacional y nuestra lucha es imparable.
Efectivos de la Guardia Civil de la Comandancia de Salamanca, concretamente agentes del Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) con base en Béjar, han llevado a cabo una nueva actuación contra la caza ilegal que se ha saldado con la investigación de un varón en la localidad de La Tala.
Los hechos se produjeron durante un servicio de prevención en horario nocturno, cuando ya había oscurecido. Los agentes dieron el alto a un vehículo que transitaba por un camino vecinal del municipio. Tras realizar una primera inspección ocular del transporte, los guardias civiles descubrieron en el remolque un ejemplar de jabalí, así como una bolsa de plástico que contenía 20 perdices y una paloma, todas ellas piezas recientemente abatidas.
El registro exhaustivo del interior del vehículo reveló infracciones graves en materia de seguridad y normativa cinegética. Los agentes localizaron una escopeta municionada —cargada y lista para disparar— que se encontraba dentro de una funda sin cerrar. Además, se hallaron diversos cartuchos de postas, un tipo de munición cuyo uso está estrictamente prohibido para la actividad cinegética debido a su peligrosidad y falta de selectividad.
Las investigaciones posteriores permitieron determinar que las piezas habían sido cazadas en un coto de la citada localidad de La Tala, para el cual el identificado carecía de la autorización necesaria. Ante la evidencia de los hechos, los agentes procedieron a la incautación inmediata del arma y de las piezas de caza.
El sospechoso está siendo investigado como presunto autor de un delito contra la flora y la fauna por cazar sin autorización. Asimismo, se le han formulado diversas denuncias administrativas por las infracciones observadas en materia de caza y reglamento de armas.
Los próximos 21 y 22 de enero, el Comité de Derechos del Niño de Naciones Unidas examinará el grado de cumplimiento de España con la Convención sobre los Derechos del Niño, el tratado internacional que reconoce a niñas, niños y adolescentes (NNA) como sujetos de derechos y establece que su interés superior debe prevalecer de forma prioritaria.
Entre la documentación que analizará el Comité figura un informe elaborado por la Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos (CoPPA), en el que se alerta de la falta de protección de la infancia frente al acceso a actividades de caza con armas de fuego en el Estado español.
Acceso de menores a armas y actividades cinegéticas
CoPPA denuncia que la normativa vigente en España permite que adolescentes a partir de los 14 años utilicen armas de fuego y que, además, en varias comunidades autónomas se autoriza la presencia de menores como acompañantes en actividades de caza. Según la organización, cinco comunidades permiten de forma explícita la asistencia de niños y niñas desde los 0 años.
Esta situación, advierten, vulnera el principio del interés superior del menor y el derecho de los NNA a ser protegidos frente a cualquier forma de violencia.
Riesgos físicos y psicológicos para la infancia
El informe, elaborado por un equipo multidisciplinar, reúne evidencias científicas que alertan de los graves riesgos de exponer a menores a la caza con armas de fuego. Entre ellos se encuentran los peligros para la integridad física, el riesgo de accidentes graves o mortales y el impacto del acceso a armas en el suicidio adolescente.
CoPPA subraya además que la supervisión adulta no siempre reduce estos riesgos y que, en determinados contextos, puede incluso agravarlos.
Lesiones y muertes en accidentes de caza
El acceso a armas de fuego es un factor de riesgo reconocido en muertes y lesiones accidentales de niños, niñas y adolescentes. En el ámbito cinegético, la cercanía a los disparos incrementa de forma notable la probabilidad de sufrir accidentes con consecuencias trágicas. Lamentan desde la coordinadora.
En un anexo del informe, CoPPA documenta casos de menores heridos o fallecidos en accidentes de caza en España, algunos de ellos provocados por familiares o personas encargadas de su supervisión.
Suicidio adolescente y disponibilidad de armas
Diversos estudios citados en el documento señalan que los entornos con mayor acceso a armas de fuego presentan tasas más elevadas de suicidio adolescente. En este grupo de edad, la disponibilidad de armas supone un riesgo especialmente alto, incluso superior al de la depresión, según algunas investigaciones.
Las armas de caza tienen un peso relevante en los suicidios de menores y se observa un aumento durante la temporada cinegética.
Impacto emocional y normalización de la violencia
La exposición a la violencia, incluida la ejercida contra animales, puede generar angustia crónica, depresión y trauma psicológico. CoPPA explica que este impacto es especialmente intenso cuando la violencia es ejercida o legitimada por adultos de referencia.
Además, los menores pueden presenciar accidentes graves durante las jornadas de caza, con consecuencias severas para su salud mental, sobre todo cuando las víctimas son personas cercanas o cuando el propio menor está implicado. El informe recoge casos especialmente graves que evidencian la magnitud del problema.
La normalización de la violencia también aumenta el riesgo de conductas problemáticas, como el acoso escolar o la delincuencia juvenil, al reforzar actitudes que legitiman la agresión y la imitación de modelos violentos.
Llamamiento urgente a las autoridades
Ante este escenario, CoPPA solicita al Comité de Derechos del Niño que inste a las autoridades españolas a modificar la normativa para prohibir en todo el territorio que los menores de 18 años utilicen armas de fuego en actividades de caza o asistan a ellas como acompañantes.
La asociación recuerda que los derechos de la infancia, reconocidos en un tratado internacional ratificado por España, deben situarse por encima de cualquier otro interés.
Denuncia.
La Coordinadora de Profesionales por la Prevención de Abusos es una asociación internacional sin ánimo de lucro integrada por psicólogos, psiquiatras, sociólogos, abogados y especialistas en derechos humanos, dedicada a la prevención de la violencia y a la protección de colectivos vulnerables, con especial atención a la infancia y la adolescencia.
Después de las primeras investigaciones, la Divisió d’Investigació Criminal de los Mossos d’Esquadra confirma que se trata de una muerte accidental. El cadáver apareció el pasado 21 de diciembre disparado por la espalda
El hombre que falleció el pasado 21 de diciembre en las inmediaciones del campo del Nàstic de Tarragona con un disparo en la cabeza fue víctima de una muerte accidental, según las pesquisas llevadas a cabo por la Divisió d’Investigació Criminal (DIC) de los Mossos d’Esquadra. El autor fue un cazador, ya que cabe recordar que el cuerpo se halló en una zona de caza.
En su momento, fuentes policiales confirmaron a la ACN que el cadáver se había encontrado a alrededor de las 15.15 horas en una zona boscosa próxima al estadio del club grana. La víctima presentaba un disparo en la parte posterior de la cabeza.
La alerta la dieron un grupo de personas que avisaron a los servicios de emergencia después de encontrarse con el cuerpo sin vida. Hasta el lugar se desplazaron patrullas de los Mossos. La DIC asumió la investigación, declaró secreto de actuaciones y empezó a trabajar en el caso, que posteriormente ha derivado en un homicidio imprudente, una hipótesis con la que se trabajó desde un inicio.
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